15/05/2016

La vejez en el perro

Por desgracia, la longevidad del perro no es muy larga con respecto a otros mamíferos, y en especial con respecto a los humanos. El tiempo no pasa en balde, y llegará un momento en que nuestros compañeros de vida, empezarán a presentar los achaques lógicos consecuencia del desgaste de su cuerpo. Nos encontraremos entonces con algunas enfermedades que tomarán lo que llamamos un carácter crónico, y que, aunque en muchas ocasiones no van a provocar la muerte del perro, si hará necesario su correcto diagnóstico y su adecuado tratamiento, para evitar un desenlace fatal antes de tiempo.

Pero, ¿cuándo podemos considerar que un perro es viejo? Generalizando, podríamos decir que a partir de los 8 años, pero esta consideración no me parece demasiado adecuada, ya que muchos perros a esa edad, habrán recorrido únicamente la mitad de su vida.

Podemos decir que el tamaño es un parámetro sumamente importante para pronosticar la edad a la que probablemente llegará nuestro perro. Sabemos a ciencia cierta que, un perro de pequeña tamaño, vivirá más que uno mediano, y éstos a su vez más que los grandes o gigantes, pero no debemos olvidarnos de cuestiones tan importantes como la raza, en caso de que la tengan, la alimentación recibida a lo largo de su vida, las enfermedades que hayan padecido,  los tratamientos que se les hayan dispensado para tratarlas, y los cuidados que se les hayan suministrado por parte de sus propietarios.

En muchos libros de divulgación, aparecen unas tablas de correspondencia de edades, que sirven para trasformar la edad del perro con respecto a la nuestra. Antes, se decía que 7 años de vida de un perro, correspondían a 1 año de vida de un humano, pero esto, no es cierto. Por lo general los perros al cumplir el año, han alcanzado la madurez sexual, y en muchos casos están completamente desarrollados.

Si hacemos un repaso a los problemas orgánicos que pueden afectar al perro “entrado en años”, y empezamos por los ojos, podemos referirnos a las CATARATAS, que son ni más ni menos que la opacificación del cristalino, que llevará a lo que se conoce como “nictalopatía”, que es la dificultad para ver en condiciones de poca luz. Tradicionalmente, las cataratas se han reconocido como “inmaduras”, si sólo está afectado parte de el cristalino, “maduras”, si todo el cristalino es opaco, e “hipermaduras” si ha ocurrido la licuefacción lenticular. Si las cataratas ocupan menos del 30% del cristalino, o si afectan a un sólo ojo, muchas veces pasarán inadvertidas. El tratamiento de elección, una vez hecho un profundo estudio del ojo, es la cirugía, que da excelentes resultados en el 90% de los casos.

La cavidad bucal es otra de las zonas que se puede ver más afectada con el paso de los años. Es conveniente aprovechar las visitas de rutina al veterinario, para que éste valore su estado, y sugiera, si es necesario, los tratamientos adecuados, que en la mayoría de las ocasiones pasarán por una profunda limpieza dental, y la instauración de una serie de pautas de obligado cumplimiento por parte del propietario. Los problemas más frecuentes serán las fístulas oronasales, las infecciones, la periodontitis, y las pérdidas de piezas dentales.

Con respecto al corazón, es muy frecuente que cuando vuestro perro haya cumplido determinados años, empiece a manifestar cierta fatiga después de esfuerzos de los que antes se recuperaba con suma rapidez. Evidentemente esta circunstancia puede ser achacable a la edad, pero si este cansancio va a acompañado de un sonido unas veces seco y otras húmedo, que sale de su garganta, es recomendable una visita al veterinario. En muchos casos, la tos, se hará más evidente por la noche. Si aparecen los síntomas descritos, es más que probable que vuestro perro tenga una INSUFICIENCIA CARDIACA CONGESTIVA.

En estos casos, el corazón tendrá dificultades para impulsar la sangre en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades metabólicas del paciente o para impedir que la sangre se acumule dentro de la circulación venosa sistémica. Debido a esta dificultad, todos los sistemas orgánicos pueden verse afectados por la escasa oferta de sangre o los efectos de la congestión pasiva por el encharcamiento de sangre venosa. Las consecuencias más graves que se pueden presentar son: efusión pleural, ascitis, edema periférico, o edema de pulmón.

El tratar con prontitud estos problemas, va a garantizar en la mayoría de las ocasiones, que el perro pueda vivir años sin demasiados problemas, pero la dejadez, hará que se presenten graves complicaciones que podrán acabar con su vida en un lapso corto de tiempo.

Entre los problemas endocrinos que nos podemos encontrar en los perros geriátricos, el más frecuente es la DIABETES, que es ni más ni menos que un disturbio metabólico de carbohidratos, grasas, y proteínas causado por la deficiencia de insulina. Las consecuencias lógicas de este proceso serán: hiperglucemia (aumento del azúcar en sangre), glucosuria (presencia de glucosa en la orina), y presencia de polidipsia (aumento de la ingestión de agua), poliuria (aumento de la eliminación de orina), y polifagia (aumento de la ingestión de comida). El menor uso de la glucosa para obtener energía, dependiente de la insulina, va a provocar un mayor metabolismo de las proteínas, con pérdida de peso, y aumento en la movilización de las grasas.

Para el tratamiento de esta enfermedad en el perro, se hace necesario el uso de insulina, y de dietas adecuadas, en función del peso que tenga el animal cuando presente el problema, ya que muchos suelen ser obesos.

Entre los trastornos que con relativa frecuencia nos podemos encontrar en los perros machos de cierta edad, están los que afectan a la próstata.

Los perros afectados por alguna de estas patologías, pueden presentar una sintomatología muy variada: tenesmo, constipación, vómitos, letargia, inapetencia, pérdida de peso, descarga uretral purulenta, piuria, infertilidad, marcha rígida, infección urinaria recurrente o crónica.

Como es evidente, los tratamientos estarán en función de la alteración prostática que presente el perro

Para terminar, hacemos referencia a una de las alteraciones más frecuentes que nos encontramos en los perros, una vez que llegan o están próximos a la vejez. La edad promedio de aparición son los 8 años, la Insuficiencia Renal crónica. La falla renal crónica, se debe a una enfermedad renal primaria que ha persistido durante meses o años. Está caracterizada por la disfunción irreversible del riñón que ha sufrido un deterioro progresivo. La reducción mayor del 75% de la masa renal funcional redunda en el deterioro de la capacidad de concentrar orina (que conduce a la poliuria y polidipsia), con retención de residuos que deberían ser eliminados a través de la orina. Esta circunstancia va a provocar un aumento de la urea en la sangre (uremia).

Los síntomas estarán en función del grado de deterioro renal: poliuria, polidipsia, nicturia, vómito, constipación, diarrea, ceguera aguda por hipertensión, convulsiones, deshidratación, mucosas pálidas por anemia, ulceración bucal, aliento con olor urémico…

En un análisis de sangre, además de anemia y de elevación de la urea, nos vamos a encontrar con que la creatinina está por encima de su valor normal, y es éste el parámetro que nos servirá principalmente para hacer el pronóstico.

El diagnóstico precoz de esta patología es de suma importancia, por lo que es recomendable que cualquier perro, a partir de los 8 años, sea chequeado con cierta frecuencia, y que acudan al veterinario en cuanto observen cualquier cambio en cuanto a la ingestión o eliminación de orina.

Es importante saber que a partir de determinadas edades es básico el cambio de alimentación, y con este objetivo hemos formulado nuestro EXCLUSIVE SENIOR, ajustándonos a las necesidades naturales en esta etapa de su vida.

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