19/10/2017

Nuestros perros son parte de nuestra familia, pero ¿debemos tratarlos como hijos?

Que hay diferentes tipos de dueño (o de opiniones sobre este tema) es un hecho; están los que creen que los perros son muy parecidos a los lobos, los que los tratan como si fueran bebés toda su vida, y los que no se sitúan en ninguno de estos extremos. Pero ¿qué es realmente bueno para nosotros y para ellos? ¿Cómo se deben tratar a los perros cuando estos son nuestros animales de compañía? Si hay una cosa que es cierta e innegable es que los perros no son humanos; son una especie diferente y por lo tanto tienen necesidades y comportamientos distintos. Puede que “humanizar” a un perro no sea la mejor idea del mundo, pues le puede repercutir negativamente (¡a él y al dueño!), pero tampoco hay que “cosificarlos” ni dejarlos vivir en circunstancias en las que un animal salvaje sobreviviría, pues los perros son animales domésticos y, por lo tanto, dependientes de sus dueños.

No obstante, sí que hay similitudes entre un niño y un perro. Estas son las más notables:

1. A MENUDO SUFREN ANSIEDAD O ESTRÉS POR SEPARACIÓN

Está demostrado por muchos estudios psicológicos que los niños pueden sufrir estrés cuando son separados de sus padres (cuando van al colegio, cuando los dejan con un cuidador…). Este trastorno también se da en muchos perros cuando sus amos se van de casa y los dejan solos. ¿Alguna vez has vuelto del trabajo y te has encontrado la casa hecha trizas? ¿Tus vecinos te han comentado que tu perro aúlla mientras estás fuera? Así es como ellos exteriorizan esa ansiedad. Los perros son animales que, por naturaleza, viven en manada, y por eso pueden llegar a sentir mucho apego por sus compañeros humanos.

2. NECESITAN REVISIONES MÉDICAS, HIGIENE Y VACUNAS

Un perro es un ser vivo, y por lo tanto puede enfermar. De este modo, igual que los humanos, necesitan seguir ciertas pautas para tener una vida lo más larga y agradable posible. Aún así, hay quien no lleva a su perro al veterinario a menos que sea cuestión de vida o muerte. A pesar de ser animales, pueden tener problemas de salud que no pongan en peligro su vida pero sí empeoren la calidad de esta. Pueden sentir dolor en las articulaciones, tener infecciones leves que causen mucha molestia, alergias ambientales, etc.

3. SIENTEN EMOCIONES PRIMARIAS COMO EL MIEDO

¿Los perros sienten? ¿Tienen emociones como los humanos? Esta es la pregunta del millón, que muchos estudios científicos han contestado con un “NO” rotundo, mientras que otros pocos aseguran que, a pesar de no tener un cerebro tan complejo como el nuestro, pueden reaccionar de un modo parecido. El miedo, o el sentirse amenazados, existe en los animales y nace de su instinto de protección. ¡Pero cuidado! El miedo que puede sentir un niño y, sobretodo, la reacción ante él, no es igual al de un perro, y tampoco es bueno actuar del mismo modo con perros que con niños en este sentido. Por ejemplo, si tu perro tiene miedo al oír petardos en la calle, que le abraces y le digas que son simples petardos no le va a ayudar nada ya que, al no entender tu mensaje (y no poder razonar como los niños), creerá que realmente está pasando algo grave y, así, cada vez que los oiga estará más y más asustado.

Hay otros estudios que aseguran que un perro puede sentir celos o culpa, pero también puede que sea nuestra manera de interpretar sus reacciones.

4. SON SERES SOCIALES

Igual que los seres humanos, los perros son animales que pueden convivir con otros, y pueden aprender a respetar las reglas “del grupo”. De este modo, como los niños, los perros pueden ser educados y aprender. Aún así, el aprendizaje de ambos es muy distinto, ya que el perro no se guía por la comprensión ni el razonamiento, sino por la relación causa-efecto, la recompensa a corto plazo y las señales verbales. No obstante, también pueden interpretar, entender tus gestos y aprender cosas por ellos mismos como los niños.

Dicho esto, queda demostrado que un perro es mucho más que un animal salvaje, y que el mero hecho de acogerlo en una familia ha de significar comprometerse a cuidar de él de la mejor manera posible. Ahora, para aquellos propietarios que se sitúan en el otro extremo y cuidan a sus perros como si fueran bebés humanos, también hay una lista de cosas que resultan malas prácticas. He aquí las más importantes:

1. SOBREPROTEGERLOS

Los cachorros necesitarán de tu protección frente a otros perros adultos, será recomendable no sacarlos a la calle hasta que tengan las vacunas necesarias, y probablemente tengas que estar más pendientes de ellos en esos primeros meses. Ahora bien, el problema de los perros es que siempre parecerán bebés a los ojos de algunos propietarios, aunque estos estén ya entrados en la edad adulta. No sacarlos a la calle por miedo a enfrentamientos con otros perros no es bueno para ellos (¡necesitan interactuar con otros de su misma especie!). Bañarlos demasiado también puede llegar a ser un problema, igual que darles ciertas comidas que puede que les vuelvan locos pero sean malas para ellos.

2. DEJARLOS DORMIR EN TU CAMA

Que tú y tu animal de compañía durmáis juntos no tiene nada de malo para él, pues los perros viven en manada y suelen dormir con su grupo. Para ellos, ese contacto nocturno con el resto de la familia es totalmente natural. Pero, a pesar de ser terapéutico también para el propietario, al sentirse más seguro y protegido, esta práctica tiene sus partes negativas. Para empezar, dormir con perros con pelo (largo o corto) y sobretodo de muda puede darnos alergia, ya que entre su pelaje puede acumularse mucho polvo. El tema de la higiene puede ser un problema o no, depende del perro y de si este es un cachorro o un perro mayor con pérdidas de orina, o si se llena de suciedad en su día a día. Pero algo que no solemos tener tanto en cuenta es que dormir con un perro puede afectar a la calidad del sueño del propietario, pues los perros son famosos por no quedarse durmiendo en el mismo sitio mucho tiempo. Además, siempre están alerta, y un pequeño ruido puede hacer que se levanten repentinamente y te despierten a ti también.

3. VESTIRLOS

Los animales normalmente no necesitan vestirse, pues su pelaje y su piel ya están preparados para cualquier tipo de clima. Ponerle ropa a un perro puede darle demasiado calor, impidiendo la transpiración de su piel con la posibilidad de que esta se irrite. También puede molestarle al caminar y estresarlo si la ropa es demasiado ajustada. Ahora bien, hoy en día no todos los animales viven en las zonas para las que están “genéticamente preparados”: los perros nórdicos con pelaje espeso lo pasarán muy mal en verano si viven en Madrid, y los perros que suelen vivir en lugares cálidos puede que necesiten una capa más durante los días de invierno si viven en lugares más bien fríos. Ah, y el tema de ponerles zapatos también puede ser recomendable si el asfalto por el que caminan está extremadamente caliente.

¿Conclusión? La palabra “perrhijo” de entrada no es buena ni mala, aunque normalmente se asocia a la “humanización” exagerada de un perro de compañía. Como hemos visto en este artículo, para el bienestar del perro y del propietario no es bueno ningún extremo; lo mejor es proporcionar a nuestro perro todos los cuidados que podamos darle, teniendo siempre claro que no es humano y, por lo tanto, tampoco puede ser tratado como un niño.

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