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Es indudable que los perros se han convertido en unos grandes amigos y aliados de los humanos. No en vano, el inicio de la amistad entre perro y hombre se remonta a unos 30 000 años en el tiempo.

Hoy, quienes disfrutamos de la compañía de un perro sabemos el cariño y la fidelidad que nos ofrecen.

Con amor incondicional, se adaptan de buen grado a la personalidad y hábitos de sus cuidadores.

Como son seres inteligentes y empáticos, llegan a comprendernos incluso mejor que ciertas personas. 

Un perro puede saber si estamos tristes o alegres o si hay algo que nos preocupa tan solo con mirarnos.

Todo esto ocurre cuando el vínculo entre perro y humano es fuerte.

Aun así, los perros perciben que los humanos a veces nos comportamos de una forma que los confunde totalmente. 

Seguramente, lo hacemos con toda la buena fe del mundo, pero los resultados pueden ser inquietantes para nuestros peludos.

Ellos se merecen lo mejor, por eso en este artículo te desvelaremos ciertas conductas humanas que los inquietan, y al tiempo te damos algunos consejos útiles para evitarlo.

COMPORTAMIENTOS HUMANOS QUE CONFUNDEN A LOS PERROS

1. MIRARLOS FIJAMENTE A LOS OJOS

Para los humanos, el hecho de mirarnos a los ojos mientras hablamos es una potente señal de confianza.

Forma parte de nuestro lenguaje no verbal y nos comunica sentimientos de una forma intensa y verdadera.

En esto difieren nuestros perros. Si los humanos entendemos el contacto visual como signo de cariño y respeto, no ocurre lo mismo con los peludos.

Con los perros debemos actuar con precaución, ya que algunos pueden malinterpretar nuestras intenciones cuando los miramos intensamente.

Si el perro no nos conoce lo suficiente, es posible que entienda la mirada como un gesto de amenaza o dominio.

Para evitar cualquier percance, se aconseja no mirar fijamente a un perro con el que no tengamos la suficiente confianza.

2. ACARICIAR SU CARA

¿Verdad que a las personas nos incomoda el hecho de que alguien con quien no tenemos suficiente trato nos acaricie la cara? Pues a nuestros amigos peludos les ocurre lo mismo.

Otra cosa son las caricias que recibimos de los seres queridos, ya sean familiares o amigos.

En general, los perros sienten las caricias en la cara como una invasión de su espacio personal.

Probablemente y, aunque no les apasionen, sí acepten las caricias y los mimos de los humanos por quienes sienten verdadero afecto.

De todas formas, antes de acariciarlos, hay que ir con tacto y observar su comportamiento, para saber si las caricias son bien recibidas o no.

3. DISFRAZARLOS

Hay personas que piensan que disfrazar a sus perros es algo divertido y muy gracioso.

Muchos aprovechan para hacerles fotos, que luego enseñarán a los amigos y familia, o compartirán en las redes sociales.

Habría que preguntarles a los perros si realmente se divierten cuando se ven embutidos en unos trajes y accesorios extraños, que no necesitan para nada.

Además, pueden sentirse incómodos y estresados, al notar que se invade su espacio perruno.

Los humanos podemos disfrutar disfrazándonos, porque nos identificamos con un determinado personaje.

Pero los perros, de momento, no tienen la capacidad ni las ganas de interpretar a ningún personaje ficticio o real. 

4. DARLES ABRAZOS NO DESEADOS

Pese a la cercanía que suele haber entre los perros y sus compañeros humanos, lo cierto es que todavía existe un abismo en cuanto a la forma de entender un gesto tan cotidiano como el abrazo.

Si para nosotros es, junto a los besos, la forma por excelencia de demostrar cariño, para nuestros canes el sentido es muy diferente.

Igual que ocurre cuando acariciamos su cara, los perros sienten invadido su espacio perruno con los abrazos. Y esto pasa incluso cuando los arrumacos provienen de sus amados humanos.

Se necesita ser buen observador para saber qué siente nuestro perro cuando lo acariciamos. Es evidente que si nos rehúye, nos está diciendo que no le gusta.

Debemos tener mucha precaución, sobre todo con los perros desconocidos, ya que pueden llegar a mostrar su enfado de una manera bastante hostil.

Para respetarlos y proteger nuestra integridad física, lo mejor es tener sentido común y no forzar unas caricias que no son bien recibidas.

5. HABLARLES SIN PARAR

La convivencia diaria con un perro y el inmenso cariño que llegamos a sentir por él pueden hacernos creer que realmente comprende todo lo que le decimos.

Claro está que entienden muchas de nuestras palabras. Muestra de ello es que reconocen nuestras indicaciones y obedecen las órdenes que les damos.

Pero tampoco podemos creer que nuestros perrhijos tienen una mente humana, capaz de entender todo lo que les decimos.

Es cierto que cuando pronunciamos ciertas palabras como “paseo”, empiezan a mover la cola locos de alegría porque saben que es la hora de salir a la calle. Pero de ahí a comprender una conversación como la que se produce entre humanos, hay un trecho.

Hablarles está bien, pero no lo hagamos como si se tratara de nuestro mejor amigo humano.

A los peludos no les hace falta hablar, ni que les hablemos sin parar.

Su grandeza reside precisamente en el fuerte vínculo que mantienen con las personas.

Los perros son capaces de expresarnos gestualmente sus inquietudes y asimismo comprender el lenguaje corporal de los humanos.

Para conocer lo que pensamos y sentimos, a nuestros perros les sobran las palabras.

A MODO DE CONCLUSIÓN

En este post hemos abordado cinco ejemplos de conductas humanas que confunden a nuestros perros, pero hay muchos más.

Seguro que más de un lector se habrá sentido identificado con algunos de ellos o con varios.

Esto es normal, porque los perros no vienen con un libro de instrucciones bajo la pata, y a menudo tenemos que ir informándonos para reconducir nuestro comportamiento hacia ellos.

Lo importante es entender que son seres singulares que necesitan no solo cariño, sino también comprensión y respeto.

Amarlos es evitar las conductas que los confunden, para tener a nuestro lado unos compañeros siempre fieles y felices.