Actualmente, el 55% de la población mundial vive en ciudades y se calcula que a mitad de siglo alcanzará el 70%. Sin embargo, hace 100 años tan solo 2 de cada 10 personas vivían en una ciudad, y antes de eso incluso menos. La tendencia es que cada vez haya más gente viviendo en la urbe debido a motivos económicos, laborales o prácticos. Sin embargo, tenemos que pensar si las ciudades, cada vez mayores, deberían o no estar pensadas para una única especie, o si deberíamos convivir con otros animales.

Actualmente, existe esta convivencia: hay animales domésticos como perros y gatos que pasean por las calles, así como animales silvestres cómo pájaros, insectos, roedores y demás animales.

¿Tiene sentido esto?

Según los expertos, las ciudades no pueden ser exclusivamente de los humanos, tenemos que convivir con los animales por diferentes motivos, entre ellos, los animales nos activan nuestra octava inteligencia, la naturalista. Además, en los barrios con más animales de compañía se registran menores tasas de criminalidad. Finalmente, los animales contribuyen a tener ciudades más sostenibles y amigables con el medio ambiente, aspecto básico para las ciudades del futuro.

Si nos centramos en los animales silvestres, cada vez hay más de ellos ya que los humanos estamos destruyendo su hábitat natural, forzándoles a establecerse en ciudades y adaptarse a este nuevo hábitat. Entre los animales silvestres más populares, hay distintos tipos de aves, insectos, pequeños mamíferos y reptiles. En ciudades como Barcelona encontrarnos cara a cara con un jabalí ya es algo común, aunque si estuviésemos en Chicago, podríamos encontrarnos coyotes, un macaco en Jaipur; zorros en Canadá, o un puma en California. Por no hablar de los marsupiales en Brisbane, los camellos de Khartoum, elefantes, vacas y todo tipo de monos en ciudades africanas y asiáticas, o el gran abanico de macro roedores, junto con una infinidad de aves en capitales latinoamericanas. En su presencia está nuestro futuro.

El hecho de albergar vida animal en la ciudad, implica la existencia de espacios verdes que les sirven de cobijo y de alimento. Las ciudades del futuro deben tener espacios verdes para su supervivencia. Vista la tendencia global actual de la concentración de la población en ciudades, éstas deberán ser autosuficientes para proporcionar comida, sanidad y educación para sus ciudadanos, siempre de manera amigable con el medio ambiente para poder garantizar nuestra supervivencia. Los espacios verdes y la convivencia con animales será básica para ello.

Además, los animales silvestres aportan numerosos beneficios:

  • Son agentes polinizadores: aves, insectos y algunos mamíferos como los murciélagos, polinizan las plantas de las ciudades.
  • Son dispersores de semillas: animales como las ardillas esconden semillas para comer en el futuro, de las sobras que no comen nacen nuevas plantas, contribuyendo a los espacios verdes de la ciudad
  • Mantienen limpias las ciudades: existen animales carroñeros que se alimentan de animales muertos y restos en descomposición, manteniendo limpias las ciudades y contribuyendo al ciclado de la materia.
  • Son agentes de control de vectores: aquellos animales que se alimentan de insectos, como aves, lagartijas y más, contribuyen a controlar las poblaciones de insectos que transmiten enfermedades a los humanos.

Para los humanos, convivir con animales nos hace más felices. El contacto con la naturaleza despierta un sentimiento conocido como la biofilia, o nuestro sentido de conexión con la naturaleza y los animales. Además, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona, indica que vivir a menos de 300 m de un parque disminuye un 35% el riesgo de cáncer de mama. A menos de 100 m, el riesgo baja al 44%. Residir a menos de 500 m de una zona verde reduce el número de muertes prematuras. Rodearse de animales y plantas reduce el TDAH (trastorno de déficit de atención con hiperactividad) en los niños, que disponen de espacios de juego alternativos a las pantallas, y acceden al misterio y la aventura física que cualquier ser vivo anhela a su edad.

Además, las zonas verdes que albergan vida silvestre, también son un espacio muy positivo para los animales domésticos como los perros. Aunque vivan en los domicilios, los animales domésticos también contribuyen a un efecto muy positivo en las ciudades, por ejemplo, en los barrios con mayor densidad de animales de compañía se registran índices de criminalidad más bajos, además de impactar muy positivamente en la salud mental de sus cuidadores. Las ciudades con animales domésticos son ciudades con una población más activa y más conectada con la naturaleza.

Actualmente, y teniendo en cuenta las necesidades del futuro, en ciudades como Barcelona ya se están llevando a cabo una serie de acciones para facilitar una mejor convivencia entre humanos y el resto de animales. Para ello se están estableciendo corredores verdes, que permiten a animales como las ardillas cruzar la ciudad de manera segura sin pisar el asfalto. Además, se está cambiando la manera en la que se escogen las plantas para jardines y parques, que anteriormente eran bajo criterios estéticos, mientras que ahora entran en juego plantas y árboles autóctonos, que se adaptan mejor al territorio dotando de mayor sostenibilidad a los espacios.

Los ayuntamientos también están colocando comederos y bebederos en puntos estratégicos para la vida silvestre que habita en las ciudades, así como edificios más modernos que se adaptan a las necesidades de aves u otros animales. Otra medida es la señalética en edificios para evitar la colisión de aves contra sus cristales. Ciudades como Valencia no miran hacia otro lado con los gatos silvestres, y por ello tienen un plan colonial felino que analiza y tiene en cuenta todos los aspectos para apostar por el máximo bienestar.

Para garantizar su futuro, tenemos que contemplar ciudades amigas con los animales, y asumir que no somos la única especie que debe vivir en ellas. Éstas tienen espacios verdes y garantizan espacios seguros para éstos, contribuyendo así a ciudades más limpias y sostenibles, condición sine qua non para garantizar su viabilidad en el futuro. Además, convivir con ellos nos permite estar a los humanos más conectados con la naturaleza, y por ende, más equilibrados y felices.