La convivencia entre gatos y perros es posible, aunque, a decir verdad, en muchas ocasiones puede ser un poco complicada. Sin ir más lejos, la naturaleza de cada uno de estos animales es distinta, y en ocasiones sus caracteres pueden chocar.

Los gatos son animales de rutinas y muy independientes. Ellos tienen su espacio y necesitan que éste sea respetado. En cambio, los perros son animales que aprenden a vivir bajo una jerarquía en manada. Les gusta más la interacción, por lo que ciertas actitudes de los canes pueden abrumar a tu gatito.

Una buena convivencia entre todos los animales de casa es fundamental para tener un hogar feliz. Llegar a ello no siempre es fácil, pero a continuación os contaremos unos trucos para que sea lo más fluido posible.

¿Cómo debo presentarles?

La mejor situación para presentar a nuestros peludos es siempre en su época de cachorro. En los primeros meses de vida de ambos animales, es cuando se produce la socialización, y si se acostumbras a la presencia del otro en este momento de su vida, la convivencia más adelante será mucho más natural para ellos.

Si hablamos de un gato y perro adultos, antes de presentarlos hay que tener una serie de aspectos en cuenta. La naturaleza de los perros los lleva a perseguir todo aquello que huya o corra rápido, especialmente los perros de caza. Acostumbrar a un perro de caza adulto a un gato puede ser una tarea muy laboriosa que debería estar supervisada por un educador.

Si tu perro no es cazador, esto pueden ser unas buenas pautas para presentarles con un gato:

1. Acostumbraremos el uno al otro a sus olores

La mejor manera para empezar es acercándolos a través del olor. Los animales estarán en espacios separados, pero podemos acercar los juguetes o cama del perro al espacio del gato, y viceversa. Esto les ayudará a familiarizarse el uno con el otro.

2. Que se vean a través de espacios separados

Una vez ya han pasado unos días y ambos animales se hayan acostumbrado al olor del otro, deberán estar en habitaciones separadas de tal modo que puedan verse, pero no puedan cruzar el espacio del otro. Un buen recurso para ello son las vallas para bebés.

Es muy importante que el separador sea seguro y que el perro no pueda derribarlo. El gato debe sentir que no se invade su espacio y debe tener seguridad. Poder observar al perro desde un lugar alto será favorecedor.

3. Los acercaremos poco a poco

Cuando veamos que ambos animales están tranquilos y toleran bien la presencia del otro, será el momento de quitar la separación entre ellos. Para ello, antes nos llevaremos a nuestro perro de paseo. Una vez esté cansado la aceptación del gato será más sencilla. Ya en casa, relajados y con la barriga llena, quitaremos la separación entre ellos.

Es importante tener a nuestro perro sujeto, a poder ser con una correa. El gato debe tener vías de escape, es decir, no lo sujetaremos ni lo inmovilizaremos en ningún caso.

Dejaremos que ambos animales se acerquen a su ritmo y sin presionarlos. Es importante en todo momento estar tranquilos. Al final nuestros animales perciben nuestras emociones y es muy importante transmitirles las correctas.

Una vez hecha la presentación, será muy importante que cada animal tenga su espacio, con sus propios comederos y bebederos, camitas y juguetes.

La convivencia entre perros y gatos es posible, con amor y paciencia se pueden conseguir grandes cosas, aunque siempre se recomienda que éstos se conozcan en su etapa más joven. Con dedicación y respetando sus tiempos, podremos encontrar un equilibrio en casa y convivir armónicamente, humanos y peludos.