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“La convivencia con él me ha cambiado la vida”, es una de las frases que solemos escuchar entre las personas que han decidido adoptar un perro.

Evidentemente, el hecho de convivir con un perro nos cambia la vida… y, en parte, el carácter.

Porque su comportamiento es increíble… de ellos aprendemos numerosas lecciones que nos hacen más felices y mejor personas.

La relación con un perro puede hacerte más flexible y cambiar tus prioridades, sólo observando su conducta.

Aprenderemos lo inútil que es preocuparse constantemente por cosas, aparentemente importantes, pero que con el tiempo comprendemos que no lo eran tanto.

Con un peludo correteando por la casa, quizás dejemos de ser tan narcisistas y actuemos con mayor empatía hacia los demás.

Te das cuenta de que el animal de cuatro patas, que ahora ocupa un lugar importante en tu vida, se siente dichoso con muy poco.

Ese ser, que no te deja ni a sol ni a sombra, es un maestro a la hora de relajarse a placer.

¡Observa y aprende de tu perro, es todo un experto en inteligencia emocional y tiene muchas instrucciones que darte!

10 CLASES MAGISTRALES PERRUNAS PARA HUMANOS

1. Amor y lealtad sin condiciones

Los perros son fieles, protectores y cariñosos por naturaleza.

Con ellos vamos a saber siempre a qué atenernos, porque nos aman por encima de todo y no van a defraudarnos en ningún momento.

¿Verdad que entre los humanos no siempre es así?

Nuestros peludos no tienen prejuicios a la hora de demostrar todo el cariño que sienten por nosotros.

Siempre los tendrás al lado, para disfrutar de tu compañía o consolarte en los momentos tristes.

Tampoco serán huraños a la hora de recibir nuestras caricias; al contrario, a ellos les encantan las muestras de afecto.

A eso se le llama buen carácter, y lo demás son cuentos.

2. Alegría y entusiasmo de serie

Con su ejemplo, un perro puede convertirse en un excelente coaching, capaz de estimular nuestras potencialidades personales.

Sólo hay que ver el entusiasmo que muestran por todo lo que hacen.

Cuando nos ven coger la correa, ya están saltando de alegría por el paseo diario.

En el parque, siempre están dispuestos a participar en los juegos que les proponemos.

¿Aburrimiento? No entienden el significado de esta palabra.

Para ellos, todos los días son especiales y los exprimen al máximo.

No se atormentan por cosas que no ocurren, ellos viven y disfrutan el presente, sin más. 

Valoran y agradecen el hecho de tener un hogar, alimento y buena compañía. 

Copia su ejemplo y da las gracias cada día por los pequeños detalles.

3. Deja el rencor en un rincón

Si el rencor es un resentimiento que crees inevitable, observa atentamente a tu perro y aprende de él.

¿Has llegado muy tarde del trabajo y lo has dejado demasiado tiempo solo? Es posible que tu perro haya hecho alguna trastada en casa, como destrozar un cojín o mordisquear el peluche preferido de tus hijos… Pero, cuidado, no lo hace porque se sienta ofendido y quiera venganza, no. Sus travesuras son fruto del aburrimiento o la ansiedad por separación.

Recuerda: los perros no son rencorosos, ellos no pierden el tiempo como nosotros, haciéndose mala sangre por supuestas ofensas.

Se centran en las cosas verdaderamente importantes, como: alimentarse, hacer ejercicio, disfrutar de la relación y el afecto de congéneres y humanos…

Hagamos como ellos, tomemos las riendas de nuestra vida sin el lastre de rencores destructivos.

4. ¡La imaginación al poder!

Hoy en día parece que para ser feliz tienes que comprar muchas cosas, y cuantas más mejor.

Si tu perro hablara -aunque ya lo hace con gestos-, te diría que dejes de obsesionarte con los objetos y le des rienda suelta a tu imaginación.

Porque para vivir con alegría, basta con tener imaginación; la suficiente, como para divertirse con un palo o entregarse en cuerpo y alma a los juegos de exploración.

Los regalos no siempre tienen que ser materiales… unas caricias o un largo paseo por la montaña, son cosas que no tienen precio… y lo sabes.

5. Confianza en uno mismo

Es curiosa la confianza que muestran los perros en sí mismos.

En cambio, a los humanos, lo que piensen los demás nos influye y nos condiciona a la hora de mostrarnos como realmente somos.

Tu perro no se atormenta con estos dilemas. El “qué dirán” les trae sin cuidado. Ellos son puros, genuinos, sin trampa ni cartón.

No viven para impresionar a los demás ni quedar bien, simplemente son, viven, disfrutan, y se sienten seguros cuando aman y son amados.

6. Igualdad, fraternidad y mente abierta

Cuando los perros han sido correctamente socializados, da gusto comprobar su comportamiento fraternal hacia sus semejantes. No hay más que verlos corretear en el parque… juegan juntos, sin discriminar.

Les da igual la raza; o que haya colegas más pequeños o más grandes; tampoco les influye el color; ni se extrañan si a alguno le falta una pata o la cola. Pobres o ricos, para un perro, todos sus congéneres son amigos.

Su mente es abierta y lo demuestran aceptando a todos los coleguillas que deseen divertirse con ellos.

Y hay más: esos sentimientos de fraternidad se extienden a otras especies, como los gatos, con quienes pueden entablar unas extraordinarias relaciones de amistad y cariño.

7. Saber cuidarse

Si tienes un perro en casa, no necesitarás que los mensajes publicitarios te animen a relajarte, cuidarte y mimarte un poco más.

Obsérvalo detenidamente… Fíjate que tu peludo, aunque sea muy movidito, siempre tiene tiempo para realizar algunas rutinas físicas, como estirarse o desperezarse.

Sigue su ejemplo y busca un hueco en tus quehaceres para cuidarte como te mereces.

Estiramientos, yoga, meditación… elige tu actividad favorita, concéntrate en ella y olvídate del estrés.

8. Relax total y vital

La relajación es sagrada para los perros. Sin el descanso, sería imposible que se mostrasen tan activos.

Sea como sea su agenda, siempre saben encontrar un momento para tumbarse, echarse un sueñecito y reponer energía.

¿Qué no tienes tiempo para una siesta reparadora?

¿Que ni te acuerdas de cuando fue la última vez que te relajaste en el sofá, leyendo un libro o dejando volar tu imaginación?

Ya no valen las excusas…

Toma buena nota y aprende de tu perro… ¡él sí que sabe!

9. Diversión sin prejuicios

Es sorprendente la capacidad que tienen los perros para disfrutar de cada momento, sin importarles si hacen el ridículo o no.

De alguna manera, intuyen que con la vergüenza no se va a ninguna parte, y aprovechan todas las oportunidades para hacer esas travesuras que tanto les divierten.

¿Tonterías las justas? Ellos las hacen espontáneamente, y no están todo el tiempo controlando.

Si desean revolcarse en la hierba, se revuelcan y tan felices; si hay charcos, chapotean y siguen jugando; no dejan que estos “obstáculos” les amarguen el día, al contrario, las ven como experiencias añadidas.

10. Curiosidad por el mundo que les rodea

¡Cuántas cosas se pierde la gente por falta de curiosidad! A los perros, en cambio, no se les pasa ni una, siempre están atentos a todo lo que ocurre a su alrededor.

Un simple papel moviéndose en un día de viento, ya les atrae poderosamente, y no paran de perseguirlo en su afán de exploración y juego.

Tampoco se les escapan los múltiples ruidos y sonidos de las calles, que para nosotros pueden pasar inadvertidos.

El vuelo de un pájaro o el caminar de una laboriosa hormiga pueden despertar su infinita curiosidad.

Y, cuando se trata de su olfato, ¡cuidado! son unos expertos exploradores, capaces de descubrir huesos y “tesoros” escondidos en los más recónditos lugares.

Para acabar… ¿No crees que el mundo sería un poquito mejor si aprendemos a maravillarnos de los pequeños detalles? Aprovecha las enseñanzas de los que saben. ¡Sigue el ejemplo de tu maestro peludo y disfruta!